viernes, 29 de junio de 2007

SIP cartel continental de la desinformación

En 1950, los servicios norteamericanos de inteligencia realizaron, en Nueva York, el secuestro de esta organización de prensa nacida en La Habana en 1943 • Al frente del complot, el coronel Jules Dubois, anticomunista furibundo, que manejara luego, durante 15 años, sus mecanismos de desinformación
POR JEAN-GUY ALLARD


LA Sociedad Interamericana de Prensa (SIP), que pretende representar a la libertad de prensa en América, no es otra cosa que el cartel de los grandes propietarios de medios de comunicaciones del continente, creado en Nueva York en 1950, en una operación de la inteligencia norteamericana con la cual se pirateó la organización panamericana legítima creada en La Habana en 1943.
Durante años, Ernesto Vera, respetado veterano de la prensa cubana, ha investigado el tema del verdadero complot que permitió el secuestro de la agrupación cuyo concepto se remonta a propuestas expresadas en 1889, y luego en un primer congreso panamericano de periodistas ocurrido en 1926.
Vera cuenta cómo el proyecto se concretiza por fin, en 1943, en La Habana, con la creación de la Sociedad Interamericana de Prensa. El evento, desarrollado en un momento histórico favorable, permite una amplia representación de los diversos sectores del mundo continental de la información.
Era "en medio de la Segunda Guerra Mundial, del frente antifascista, cuando no se podía excluir a órganos de prensa progresistas", subraya Vera.
En aquel histórico momento, se afilian a la SIP numerosos medios de izquierda que, aunque minoritarios, encuentran en esa nueva organización un espacio para expresarse. "En el caso de Cuba, participa, entre otros, el periódico marxista Noticias de Hoy, fundado en 1938, justo cinco años antes…"
Así que, del 43 al 50, "varias conferencias se realizan en distintos países donde los miembros progresistas tuvieron una posición de denuncia, sobre todo en contra del papel de las agencias de prensa norteamericanas, que era ya insostenible".Sin embargo, los años pasan y cambia el ámbito internacional. "Empieza la Guerra Fría, el anticomunismo, el antisovietismo, el maccartismo", recalca el periodista.
La CIA nace y empiezan sus conspiraciones: pronto la prensa continental aparece entre sus prioridades.

En la reunión de la SIP que se desarrolla en Quito, Ecuador, en 1949, tres personajes representan a Estados Unidos. Dos son altos oficiales de los servicios norteamericanos de inteligencia: Jules Dubois y Joshua Powers. El tercero, Tom Wallace, es alto funcionario del Departamento de Estado.

Dubois es el único que puede pretender el título de periodista. Este auténtico Coronel de la inteligencia militar norteamericana —así lo describe una nota biográfica publicada después de su muerte— se metamorfosea en los años 40 en reportero del entonces influyente Chicago Tribune.
Se hizo famoso por su capacidad de aparecerse, milagrosamente, donde los servicios especiales de su país desarrollan actividades. Así fue como realizó su cobertura más impactante en Guatemala, en 1954, cuando el gobierno progresista de Jacobo Arbenz fue víctima de una operación montada por la CIA, con la elocuente participación de agentes tales como David Atlee Philips, E. Howard Hunt y David Morales.

Al narrar la anécdota en un retrato de Dubois publicado más tarde, la revista Time cuenta cómo Carlos Castillo Armas, el general guatemalteco de reserva que realiza el golpe, había sido… su alumno, años antes, en la academia militar de Panamá donde Dubois se encontraba de "instructor".

EN NUEVA YORK, EL PUTSCH DE LOS MAGNATES

Así que en el congreso de Quito, a través de varias intervenciones, hábilmente realizadas, Dubois y sus cómplices introducen como propuesta que la reunión siguiente de la organización se realice en territorio de Estados Unidos, en Nueva York. A pesar del hecho de que varios delegados desconfiaban de aquella propuesta, finalmente se aprobó una resolución en tal sentido.
Un informe de Wallace al Departamento de Estado, desclasificado más tarde, detalla el plan secreto que iba a realizarse luego en territorio imperial. Y cuando se celebra la conferencia de Nueva York, se confirma el complot que permite entonces a los grandes poderes de la prensa continental apropiarse de la SIP.
El truco no podía ser más grosero: los organizadores norteamericanos, orientados por la CIA, "o no invitaron a los progresistas o no les dieron visas, bajo el pretexto que eran comunistas", recuerda Vera.
"O si viajaban se les detenía, como ocurrió con Carlos Rafael Rodríguez, quien no solo representaba al periódico cubano Noticias de Hoy sino que era también el propio tesorero de la organización. Era un cargo ejecutivo pero aun así no lo dejaron entrar".
Desfachatadamente, las autoridades migratorias "lo detuvieron en Ellis Island de donde no lo dejaron salir".
"Se reunieron entonces los grandes propietarios y cambiaron los estatutos. Cuando se creó la SIP en La Habana, cada país tenía un voto, independientemente de la cantidad de órganos de prensa afiliados. Ahí decidieron que cada órgano de prensa tendría un voto… ¡ y de 1 voto pasaron a tener 424!".
En este congreso neoyorquino, los magnates de la prensa del continente "se convirtieron en los secuestradores de la libertad de prensa".
A partir de 1951 hasta su muerte, Dubois presidirá la Comisión de Libertad de Prensa e Información, calificada de "espina dorsal" de la SIP por el papel de dirección ideológica que realizó y sigue realizando en toda la prensa comercial del continente.
"EL CORONEL DE LAS OREJAS PELUDAS"

Nunca, tal vez, como en 1959, con el triunfo de la Revolución cubana, se ilustró el papel de la SIP como cartel continental de la desinformación.

Dubois, el hombre de la SIP, está de repente omnipresente en La Habana, en medio de la feroz campaña mediática que, rápidamente, se desencadena.

Tan grande es esa agitación, recuerda Vera, que el 22 de enero, ni dos semanas después de su entrada en la capital, el Jefe de la Revolución, Fidel Castro, realiza una conferencia de prensa en el salón Copa Room del hotel Riviera, a la cual acuden unos 500 periodistas, entre ellos 380 extranjeros.

Dubois radica gran parte del tiempo en la capital cubana. "Tenía un vínculo muy estrecho con los grandes empresarios de la prensa. Escribía incluso en Bohemia, y se le veía por todas partes", dice Vera.

Rápidamente se conoció su pertenencia a los órganos de inteligencia norteamericanos que venía confirmándose desde el golpe mediático que había confabulado entre Quito y Nueva York.
Vera recuerda: "Había un programa de radio muy escuchado de un periodista llamado José Pardo Llada. Este lo llamaba "el Coronel de las orejas peludas".

Los archivos señalan cómo, en 1959, la Junta directiva del Colegio Nacional de Periodistas de Cuba lo denuncia ya como "periodista norteamericano y oficial de la CIA".El 23 de mayo, en una carta abierta al director de Bohemia, el Che Guevara lo califica de "miserable gángster". En septiembre, el propio Fidel lo acusa de dirigir una verdadera "campaña de calumnias" en contra de la Revolución.
LA MENTIRA ORGANIZADA

"En 1951 se reunieron en Montevideo los periodistas que habían sido separados de la posibilidad de participar en la cita de Nueva York y denunciaron ahí lo que había sido el golpe CIA-SIP", señala Vera. "Plantearon que, de ninguna manera, estos grandes propietarios podían representar la verdadera libertad de prensa".

El 7 de junio de 1976 se logra fundar, en México, la Federación Latinoamericana de los Periodistas (FELAP) donde se reunieron los verdaderos periodistas.

"El derecho a la información veraz es un derecho social", repite Vera al subrayar cómo los grandes empresarios de la prensa "pretenden estar por encima de la sociedad".
Por suerte, añade, cada día hacen menos daño los grandes monopolios de la información porque "crece más la conciencia crítica sobre el papel de los medios en las sociedades de nuestros países".

En cuanto a la SIP, los hechos confirmaron constantemente las peores sospechas.
En el curso de los años, la asociación de magnates intervino en la UNESCO, para defender el control de la información por la empresa privada; participó en la propaganda sucia contra el gobierno democrático de Salvador Allende; se mantuvo bien callada durante el golpe contra el presidente Hugo Chávez…y nunca perdió una oportunidad de atacar a Cuba.
En cuanto al coronel Dubois, fue encontrado muerto el 16 de agosto de 1966 a la edad de 56 años, en un hotel de Bogotá, Colombia. Su funeral tuvo lugar en la iglesia católica de Santa Teresa, en Coral Gables, el millonario municipio de Miami, y sus restos fueron luego enterrados solemnemente en el cementerio nacional de Arlington de Washington, donde terminan los "héroes" del imperio.

En agosto del 2000, el diario mafioso miamense El Nuevo Herald, al anunciar la inauguración de una nueva sede de la SIP en esa ciudad, señala cómo "la Sociedad Interamericana de Prensa se honra a sí misma" al dar al edificio el nombre de… Jules Dubois, "batallador incansable de la libertad de expresión".

martes, 19 de junio de 2007

Historia de Una Mentira Periodistica



Carlos Soria Galvarro


Maité Rico y Bertrand de la Grange han decidido que el hallazgo de los restos del Che en 1997 es una solemne mentira inventada por Fidel Castro. Ambos son periodistas vinculados a importantes medios europeos. Es natural, entonces, que nos preguntemos cuál es en realidad el fundamento y la motivación que tienen para semejante afirmación. ¿Se trata de una noble búsqueda de la verdad? ¿Es solamente un porfiado afán periodístico de ir contra la corriente? ¿Quizá es nada más una apuesta para cobrar notoriedad?O, en la peor de las suposiciones, ambos son ingenuos o perversos portavoces de una patraña política urdida por los enemigos de Cuba y su líder histórico? Antes que inclinarme por alguna de las posibles respuestas, prefiero analizar uno a uno sus argumentos, las formas de expresión que utilizan, los contextos que examinan y las repercusiones que han provocado. Que los lectores sean ellos mismos quienes saquen sus propias conclusiones.










¿Evidencias o especulaciones? El primer indicio presentado es el que proporciona Casiano Maldonado, un campesino que dice haber visto el cadáver del Che expuesto en la célebre lavandería del Hospital "Señor de Malta" cuando suponía que los otros guerrilleros ya estaban enterrados, pues vio la zanja primero abierta y después tapada. Maldonado tiene ahora 46 años, lo que quiere decir que era un niño de siete cuando ocurrieron los hechos... Pero, independientemente de la edad, su afirmación es nada más que una confusa suposición, no pasa de ser una anécdota, de las miles que se pueden contar con respecto al Che y sus compañeros "desaparecidos" por más de 30 años bajo el suelo de Vallegrande. Le sigue una especulación, basada exclusivamente en la animadversión política que sienten los autores contra el régimen cubano. Según ellos, en 1997 Fidel Castro necesitaba a como dé lugar "relanzar la mística revolucionaria" y, por tanto, "ordenó" encontrar los huesos del Che "costara lo que costara", pues de lo contrario la revolución cubana se derrumbaría. A continuación esgrimen el escepticismo de los vallegrandinos, supuestamente basado en la creencia de que los restos del Che habían sido incinerados y esparcidos... "terminarán encontrando la mayoría de los cuerpos, pero el del Che, no". Lo que no dicen Maité Rico y Bertrand de la Grange es que, a la inversa, la más extendida creencia era que el Che estaba allí y era considerado como un patrimonio al que no querían renunciar los pobladores del lugar, de ahí la intención de no permitir la salida de los restos, razón que obligó a un operativo precipitado para trasladarlos hasta el Hospital Japonés de Santa Cruz de la Sierra.









Cuando se hallaron siete cuerpos en la fosa común era obvio que uno de ellos era el del Che, no por un "simple cálculo matemático" como dicen los autores, sino por estrictas e irrefutables razones históricas. Está rigurosamente establecido, a través de todas las fuentes, que entre los días 8 y 9 de octubre de 1967 perdieron la vida siete guerrilleros: Aniceto Reynaga Gordillo (Aniceto), René Martínez Tamayo (Arturo), Orlando Pantoja Tamayo (Antonio), Alberto Fernández Montes de Oca (Pacho), Juan Pablo Chang Navarro (Chino), Simeón Cuba Sanabria (Willy) y Ernesto Guevara de la Serna (Che). Todos fueron positivamente identificados en los días siguientes, sin lugar a equívoco, incluido el Che, como se verá más adelante. Tampoco se puede confundir estos cuerpos con los de otros tres guerrilleros muertos el 26 de septiembre en La Higuera, ni con los de otros cuatro que cayeron muy lejos de allí, en la desembocadura del río Mizque sobre el río Grande, el 14 de octubre. Esto por la sencilla razón de que los restos de todos ellos fueron también hallados e identificados plenamente. A renglón seguido, recurren a los objetos hallados. Que si era una bolsita de nylon o una tabaquera metálica, parece francamente irrelevante y no una contradicción flagrante. Respecto a la famosa chamarra, que un dudoso informante dice que la vio en poder de uno de los médicos, hay que decir que todas las fotografías del Che que se conocen en esas circunstancias la ubican junto a él, sea enfundado en ella cuando todavía estaba vivo y cuando, ya cadáver, fue trasladado a Vallegrande. Y también está apoyado sobre ella cuando es exhibido en la lavandería, es decir la espalda descansa sobre una prenda que no puede ser sino una chamarra












¿A quién se le puede ocurrir despojar a un muerto de la única prenda que podía mal cubrir la mitad de su cuerpo? Y aunque así fuera, si alguien se hubiese llevado "como recuerdo" la chamarra original, es muy posible que el Che hubiese sido cubierto con una prenda similar. La historia de la chamarra no prueba nada y parece nada más que una invención como tantas otras que terminan "autoconvenciendo" a quienes las propalan. No es una pieza clave para la identificación. Me recuerda al "maletín de médico del Che" presentado hace unos años en las pantallas de la televisión con gran entusiasmo por una despistada periodista, o a muchas personas que dicen que alojaron el Che en sus domicilios. O también al garzón de un céntrico restaurante paceño que asegura que le sirvió desayuno por varias semanas. La aparente contradicción en los certificados de la autopsia tampoco prueba nada. Reginaldo Ustariz Arce, médico que estuvo presente en la exhibición del cadáver en 1967 y que ha realizado acuciosas investigaciones a lo largo de muchos años, sostiene que en realidad no se hizo ninguna autopsia y el protocolo firmado por los médicos Moisés Abraham y José Martínez estaba orientado únicamente a sustentar la primera versión militar de que el Che murió en combate y no fríamente asesinado, por eso trasladan el orificio letal, de la quinta a la novena costilla, "querían mostrar que no fue herido de muerte en el corazón", "Ernesto Che Guevara sólo tenía cuatro heridas de bala y no nueve..." asegura. Por último, en tono triunfal los autores presentan como pista irreprochable un lapsus de Fidel Castro que en la reciente entrevista de Ignacio Ramonet (un libro camino a convertirse en best­seller mundial) al destacar el mérito de quienes hallaron los restos, dice del Che y de "otros cinco compañeros" en lugar de decir "seis". Pedirle exactitud matemática a un personaje de más de 80 años y que tiene miles y miles de cosas en su cabeza, como actor y testigo excepcional de toda una época, es simplemente demasiado.












Estilo panfletario y cajas de resonancia Desde el título ("Historia de una ‘mentira’ de Estado") Rico y De la Grange utilizan en su trabajo el lenguaje de las siempre renovadas campañas propagandísticas anticubanas. "Gigantesco engaño", "golpe propagandístico perverso" del "dictador cubano", "grupo de gerifaltes encabezados por los hermanos Castro", "circo a falta de pan", Ramonet "amanuense" de Castro, "operación de inteligencia disfrazada de misión científica". El texto está plagado de improperios de ese estilo. Y éste no es un detalle secundario. Revela el inconfundible apasionamiento político de los autores y les resta el más mínimo grado de objetividad. Se nota a lo largo de todo el texto, que formularon una hipótesis y buscan todas las argucias imaginables para probarla, ignorando o minimizando todos los elementos que contradigan su posición preconcebida. Cualquiera sabe que esa manera de trabajar está reñida con el oficio periodístico. Y como no podía ser de otra manera, a partir del lanzamiento de sus acusaciones (no puedo llamarle reportaje) se ha desatado una ola de pronunciamientos similares de personas acostumbradas a hacerse eco de este tipo de provocaciones. Ex agentes de la CIA como Félix Rodríguez y Eduardo Villoldo volvieron a salir a la palestra como vienen haciéndolo desde hace más de 20 años. En Bolivia don Samuel Mendoza, quién sino, dio por ciertas todas las afirmaciones de Rico y De la Grange, reflotando un anticomunismo rampante al mejor estilo de las épocas de la "guerra fría". Y claro está, Mario Vargas Llosa, visceralmente enemigo de la revolución cubana, no perdió la oportunidad de hacer lo mismo en su propio estilo. Si es contra Cuba y Fidel Castro ¡todo vale!










¿Una manada de bobos? La búsqueda de los restos humanos de los protagonistas de la guerrilla de 1967 fue un proceso prolongado y totalmente abierto al público. En los momentos claves, centenares de periodistas bolivianos y de otros países cubrieron las noticias. Científicos argentinos, de probada experiencia en la identificación de "desaparecidos", colaboraron en los esfuerzos realizados por el equipo cubano compuesto por profesionales de varias ramas. Varias autoridades bolivianas supervisaron muy de cerca todo el trabajo. Es más, en la identificación definitiva en el Hospital Japonés participaron profesionales bolivianos de medicina forense como el Dr. Celso Cuéllar, hoy vicepresidente de la Asociación de Medicina Forense de Bolivia, quien en declaraciones al periódico El Deber dijo recientemente que vio un "trabajo serio". "Hubiéramos dudado si se tratara de un solo hueso, pero era un esqueleto, que correspondía con las señas de lo que vestía en su último momento. Hubo un estudio antropométrico positivo al comparar el cráneo con fotografías, se hizo un estudio dentigráfico que coincidió en la ausencia de un premolar, y también faltaban las manos", explicó. Las afirmaciones de Rico y De la Grange, secundadas por sus "cajas de resonancia", ex agentes de la CIA y escribidores profesionales del anticomunismo, son un verdadero insulto a los trabajadores de la información, a los profesionales de la medicina forense de por lo menos tres países, a las autoridades bolivianas de diferentes niveles y al público en general. Son una afrenta a la capacidad de raciocinio de cientos de miles de personas. Y no es casual que aparezcan en vísperas de los 40 años de los sucesos, que, quiéranlo o no, exaltan las figuras de Ernesto Che Guevara y sus compañeros, como personas entregadas a una causa, que quisieron hacer avanzar a la humanidad con ideales justicieros y liberadores. Y, además, ponen de relieve que muchos de ellos fueron brutalmente asesinados en calidad de prisioneros.








Opciones

Los huesos del Che, al igual que los de los otros guerrilleros cubanos, bolivianos y peruanos, fueron identificados, entre otros factores, gracias al contexto histórico confirmado por el mencionado hallazgo del enterramiento colectivo. Corroborado, además, por las afirmaciones del coronel Mario Vargas Salinas, del general Luis Reque Terán y de otros que siempre sostuvieron la versión de la fosa común. Sólo los ex agentes de la CIA y la viuda del coronel Selich hablaban de un entierro del Che en solitario. No es pues evidente –como lo dicen Rico y De la Grange– que sobre esto había consenso entre los militares. Pero, además, la identificación se corroboró por la ausencia de los huesos de las manos en el cadáver del Che, pues ellas habían sido cercenadas y llegaron a Cuba hace muchos años en circunstancias que no es el caso relatar aquí. El trabajo realizado fue presentado con lujo de detalles en eventos internacionales de medicina forense, como un modelo de identificación, sin objeción alguna de centenares de especialistas.
La prueba de ADN, hasta donde sabemos, no se realizó porque salía sobrando. Se la efectúa sólo cuando hay dudas y en este caso no existía ninguna. Hacerla o no hacerla ahora es potestad de los familiares y autoridades cubanas.
Maite Rico y Bertrand de la Grange antes que insistir en el ADN deberían formar un equipo transnacional integrado por Rodríguez y Villoldo de la CIA para ir al lugar de los hechos y excavar. Vargas Llosa y Samuel Mendoza podrían ser los cronistas de esta aventura. El gobierno boliviano y la alcaldía de Vallegrande deberían darles todas las facilidades y garantías del caso. Vamos a ver si hallan los supuestos restos del Che que Villoldo dice saber con exactitud donde están todavía. En todo caso tendríamos circo para rato.